Hogar

 
   

 

 





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Desde la infancia, he sido fuertemente atraída por el placer interior de contemplar la belleza de las criaturas vivas. Todavía veo mi habitación habitada por inquilinos de muy diferentes especies tratando de saludarse y convivir entre ellos. La rana, el tritón, la salamandra, la araña o el coleóptero han sido para mí un compañero tan ideal como para otra niña pudo serlo un perro o un gato. Todavía hoy me sorprendo de la relación familiar que pueden despertar animales aparentemente tan anodinos.

El mundo exterior estaba siempre lleno de novedades interesantes: cigarras soñolientas bañándose en el sol del verano, un nido de hormigas con sus minúsculos cuerpecillos laboriosos, una araña envolviendo un insecto, el vuelo lúdico y mágico de las mariposas y por doquier las mariquitas caminando de aquí para allá, como si fueran un juguete andante recién coloreado.

Mis primeros recuerdos infantiles están envueltos en múltiples peripecias y aventuras con un sinfín de criaturas, silvestres y domésticas.

 

 

Elegí ser acompañada por los perros. El perro es, de entre todos los animales, el más delicado en sus sentimientos, el más sutil  para amistad auténtica. El perro es, junto con el ser humano, el animal que posee las emociones psíquicas más complejas y más sutiles.  Vínculo de afecto íntimo y personal que ellos me han enseñado.