La crianza de Santitisi tiene una clara vocación de observación e investigación de la psicología canina

Durante estos años, manteniendo la alta estética italiana de la cual partíamos, hemos trabajado para la mejora del carácter de la raza.

Por lo tanto, partiendo de la belleza del maltés italiano, el temperamento templado, completo y equilibrado que muestra el ejemplar es el criterio prioritario en nuestra selección.

El programa de cría de Santitisi enfatiza y promueve las siguientes características:

  • Salud y Longevidad.
  • Temperamento coherente, alegre, leal e inteligente.
  • Una bella representación de la raza con porte distinguido y altísima calidad de su manto.

Detrás de cada uno de nuestros ejemplares hay muchos años de revisión y optimización de una crianza selectiva que asegura que nuestros cachorros tienen un temperamento equilibrado y ciertos rasgos característicos que definen su altísima calidad.

Santitisi: Selección de carácter

Fundamentos teóricos

La mayoría de los perros que se crían en nuestra sociedad (sea raza de belleza, sea raza de utilidad) cumplen una actividad tan infravalorada como compleja: “El trabajo de Compañía”: ser acompañantes y compañeros del ser humano con el que conviven.

No deparamos en ello pero sólo una minoría de los perros que habitan el planeta compiten en exposiciones. Sólo una minoría de ellos realizan funciones de trabajo y servicio. La gran mayoría de los perros que habitan nuestras sociedades del siglo XXI son perros que tienen la función, la “profesión” de acompañantes.

A pesar de ello, de esta obviedad, -la obviedad de que la utilidad mayor del perro es la Compañía- vemos que la crianza todavía hoy se estructura en la dicotomía de “criadores de perros de belleza” y “criadores de perros de trabajo”. ¿Cómo es posible? no es comprensible este alejamiento de la realidad. Y no es una cuestión sólo teórica sino que tiene sus consecuencias inmediatas: el criterio preponderante que guían la selección en una raza de belleza es la estética. De la misma manera que la destreza o la buena respuesta en las pruebas de trabajo, es el criterio que guía la selección de una raza de utilidad clásica.

Así parece que el “Mejor perro” es el más bello o el que realiza las mayores proezas. Esto es algo que toda mente acepta y asume. Sin embargo es un error claro de planteamiento.

Esta realidad nos descubre grandes limitaciones en la crianza porque unos y otros han descuidado los requisitos prioriotarios de carácter que el perro ha de tener para una óptima convivencia con el ser humano.

Una perspectiva convencional, clásica y en desuso sigue funcionando hoy en día en la crianza.

Es muy complicado, cierto y todos los sabemos, seleccionar un can de una gran perfección morfológica y de belleza. Es igualmente difícil la selección de un ejemplar con excelentes dotes para los trabajos clásicos. Sin embargo lo más complejo, lo más difícil es criar ejemplares con el carácter completo y equilibrado que el can necesita para cumplir la función de compañía.

Desde una perspectiva clásica, cualquier perro con un bajo nivel de agresividad o alta animosidad ya es suficiente para catalogarlo como ejemplar con “buen caracter” y seleccionar como prioritario de él aspectos estéticos o de destreza, pudiendo ser un magnífico ejemplar para la cría. La “selección de carácter” es un aspecto de la crianza por el que se “planea”, se pasa por encima, con niveles mínimos de exigencia. La “selección de carácter para la compañía” nunca ha sido en la crianza un objetivo prioritario, por lo tanto la función del perro como “mascota” no ha tenido una selección profunda, inteligente y enfocada a los requisitos necesarios para la convivencia y la tarea que el perro ha de cumplir en una familia.

Un “buen caracter” óptimo para la compañía y convivencia familiar es mucho más que un bajo nivel de agresividad. Las exigencias de esta sociedad y nuestra forma de vida compleja piden a nuestras mascotas, si lo observamos, altos niveles de equilibrio, gran autodominio de su naturaleza y templanza de sus emociones.

El criador se equivoca cuando no considera “la actividad de compañía” como una función del perro. Y no sólo es una tarea sino que la función de Compañía, de dar y de recibir afecto, es el trabajo más complejo y exigente que se le puede pedir a un ser vivo.

La función de compañía es la utilidad del animal como fomentador de la sensibilidad y de lo mejor que la persona tiene en su fondo. El animal como humanizador del ser humano, como estimulador de la ternura que la persona lleva dentro. La función del animal como generador de virtudes en desuso como son la compasión, la receptividad, la honestidad, la integridad, la bondad o el equilibrio.

Los animales, nuestra relación con ellos, son hoy una pieza importante para un nuevo orden de valores y una incipiente ética social. El perro, más que un elemento de belleza, más que un elemento de utilidad es hoy un instrumento de educación sentimental para nuestra sociedad.

Si se mira esta realidad con exigencia vemos que obliga a una revisión de los principios morales de la crianza canina e implica cambios radicales y profundos en los criterios de selección de los ejemplares para la cría.

No nos ayuda las modas cambiantes del mercado y la demanda que expresa el comprador. El particular generalmente es inexperto y, además, no sabe expresar lo que quiere. Conoce poco o nada del mundo canino al que accede. Y, desafortunadamente, desconoce lo que necesita.

Los requisitos habituales de un comprador se limitan a unos certificados de salud o de raza, un cachorro con un caracter cariñoso y sociable para la familia. En el caso del maltés el requisito, además, de “peso” pasa a ser preponderante.

También es frecuente que el particular comunique que “no quiere un perrito para exposición (expresa “exposición” como sinónimo de calidad) sino un perrito sencillo para acompañar a la familia y a los niños (que generalmente se pretende más barato)”. El particular desconoce que, precisamente ese perro, ese perro que él o ella necesita para que acompañe a la familia, ha de disfrutar del caracter más equilibrado y exigente, un temperamento lleno de sentido y de reciprocidad.

Así ha de ser; y no se debe ni se puede pedir menos.

¿Por qué?… Porque ese perro va a ser una transmisión constante de valores dentro de la familia: Un perro nervioso transmitirá inestabilidad. Un perro ladrador o rebelde transmitirá desasosiego. Un perro con un nivel de energía mayor que el nivel de energía de la familia transmitirá crispación y alterará el equilibrio familiar.

Cada familia necesita un “tipo” de perro (independientemente de la raza). El criador ha de conocer, no lo que el particular solicita, sino lo que verdaderamente está necesitando él o su familia de ese perro que entrará a formar parte de sus vidas.

El criador ha de ir más allá de lo que le pide el comprador y a de dar respuesta a lo que realmente necesita.

A lo largo de la historia de su relación con el hombre, el perro ha cumplido una gran función de trabajo y utilidad para la supervivencia humana. En estos momento la tarea, el trabajo que desarrolla un can es fundamentalmente la utilidad de compañía, la de “estar” junto a mí. La de saber acompañarme en pleno equilibrio. El ejemplar para la compañía necesita que sus niveles de energía , sentimientos e inteligencia convivan en equilibrio. Se necesita animales suaves, con niveles medios de energía, cálidos, templados, bondadosos y principalmente con una gran capacidad de autocontrol de sus impulsos. La convivencia compleja en nuestra sociedad, nuestras personalidades confusas y cambiantes va a exigirle al perro un dominio de si mismo y una gran capacidad para controlar sus impulsos naturales y sus emociones.

Un carácter que raramente aparece por azar sino que (como la belleza o la destreza) es fruto del trabajo y la inteligencia de muchos años de crianza orientada a este objetivo.

Los criterios de selección de carácter han de ser respetados por encima de otro criterio de belleza, de destreza y por supuesto de peso o de moda. Sólo ha de haber un criterio superior y que antecede al carácter, el criterio de salud. Con esta salvedad ningún otro valor es tan importante en un perro como su carácter.