Ophelia de Santitisi

 

¿ Donde fueron las Hadas ?  

 

 

 

    Anhelando una realidad paralela a la nuestra...  me negaba a pensar que entre los frondosos bosques poblados de árboles centenarios y al cobijo de las alargadas sombras que los rayos del sol dibujan sobre la hojarasca, no hubiera nadie más allí. Bajo la atenta mirada del cóndor y el envolvente perfume de los pinares no era posible, reflexionaba,  que no hubiera una presencia.

 

Esta compañía de sonidos... el grillo, el pájaro carpintero y  la profundidad sonora de vida salvaje ... había de tener, intuía,  una realidad paralela a la nuestra.     

    Con la confianza que adquiere el caminante tras lo andado y la serenidad que me transmitía la hermosura que me rodeaba, me surgió la pregunta : ¿Donde fueron las Hadas : alma, magia y misterio de los bosques?.    

 

 

   Detuve mis pasos y cerré los ojos para concentrarme. Siempre he pensado que hay que buscar la felicidad y el discernimiento para disfrutarlos. Ambos son una conquista y nunca fruto del azar.

Así que volví a abrir mis ojos con la intención de "ver" más allá  y allí estaba ella: hermosa Hada diminuta, próxima a la base del  roble centenario que se alzaba ante mi.  

 

 

Juguetona y vivaracha con una hermosura indescriptible, orgullosa de haber dejando su etapa de ninfa, levantó sus alas en perfecta armonía y se posó en mi hombro con la misma delicadeza que lo hace una gota de rocío al resbalar por el tallo de una hoja. Quiso ser la guía en mi paseo y su presencia me lleno por completo de alegría y amor por la naturaleza. Vistió mi alma entera de nuevas sensaciones.

Caminamos durante horas y cuando alcanzamos la cumbre se detuvo para mostrarme una hermosa casita de blanco semblante e infinitos ventanales que el sol atravesaba llenando de vida y calor el enorme tesoro que allí se ocultaba. "Ahora -me dijo-  recorre los pasos que le quedan al camino y visita ese hogar. En él hallarás lo que anhelabas:  la presencia de las Hadas". Seguidamente se elevó unos metros y me pidió que cerrara los ojos : " No te olvides de mi, por favor,  protege mi entorno: todavía quedamos algunas Hadas ocultas en el bosque".      

  Desapareció haciéndome un guiño con aquellos maravillosos ojos negros y yo, lentamente, guié mis pasos hasta aquel misterioso lugar.    

    Esta presencia no pude olvidarla.

 

 

De aquella mágica realidad me traje a Castellón una hermosa criatura conocedora del secreto que oculta el bosque con la única esperanza de cerrar los ojos y pasearme entre hadas y árboles centenarios, entre el perfume de las flores  y el cantar de las aves.

 

 

  Desde entonces gozamos, acompañando a Luna, de nuestra pequeña Hada que vuela sin alas por toda la ciudad. Recordándome, en la  profundidad de sus ojos negros, el guiño que un Hada madrina me brindó una vez.    

Luis Bueno