Isis Santitisi

 

 

"La sombra de Luna"

 

 

Después de amar como hemos amado a Queen, y tras perderla para siempre. Después de convivir con ella once maravillosos años, quedó en nosotros la sensación de no poder volver a sentir algo parecido por ningún otro perro.

No hace falta que explique nada. Muchos habéis pasado por lo mismo y sabéis que es duro.

Aquellos días donde el Sol rozaba con sus rayos nuestra piel desde su atalaya y llenaba de brillo el pelo de nuestra mascota... Aquellos días nunca volverán.

 

Fue así como, poco a poco, el Sol se ocultó entre las nubes. La lluvia, entonces, empapó con sus lágrimas la tierra vistiendo, con su húmedo manto, nuestro universo de un color gris oscuro.

Un color sin matices. Sin calor y sin vida.

 

 

 

Una noche ventosa me asomé a la ventana. Me di cuenta que ya no llovía. Esa noche no había charcos en el camino y los árboles empezaban a perder sus hojas.

Llegaba el otoño.

Miré hacia el cielo y encontré la Luna.

 

 

 


"Qué color más blanco y qué sola se encuentra", me dije. Era mentira. Las estrellas estaban arropando la luna. Me quedé observando. Al mirarla capté su hermosura y el privilegio de estar allí arriba, divisándolo todo y dibujando con su largo manto un camino de plata hacia el mar inspirando con él al poeta.

Descubrí su belleza en la noche y aparqué mi pena de no poder ver el Sol del día.

 


 

Iluso de mi busqué una escalera para traerme un trocito de aquel algodón, que brillaba ahí fuera. Pero fue imposible. Mis brazos no alcanzaban con aquella escalera.

No me di por vencido. Tras buscar mucho tiempo, encontré la manera de llegar hasta allí y traerme un trocito de ella.

 

 

" ¡ Que maravilla ! Descubrí que, si perdemos el sol de vista y la pena inunda nuestros ojos en forma de saladas lágrimas, nos estamos negando la magia de la noche. "

... Y la luna y las estrellas... nos esperan en ese misterio.

 

 

Después de que nuestra Queen iluminase con sus rayos dorados nuestras vidas, ha llegado la hora de que Luna - con su blanco manto y sus dulces caricias- acompañe nuestros sueños en las largas noches que le queden de vida.

 

Luis Bueno