Preguntas frecuentes
1.- Educación
2.- Compra del cachorro
3.- Traslado
4.- Llegada al hogar
Educación
Antes de hablar de pautas educativas, hemos de
observar nuestra relación y sentimiento para con el
perro. Hemos de comprender, percibir y sentir que en
el animal está un ser vivo, Tenemos junto a nosotros
un pedazo de naturaleza no falseada, con una porción
todavía importante de esencia natural. Y digo esto
porque hemos de cuidarnos en no caer en el error de
pretender hacer del animal un simulacro humano. La
socialización de un perro no es nunca transmutar una
naturaleza, es decir, convertir al animal en algo que
no es.
Cuando observamos un animal, máxime si es un cachorro, nos percatamos de que posee una "gracia" innata. Esta belleza nos atrae como un imán y nos obliga a mirarlo y estar pendientes de cada movimiento. Hay en él una comicidad fresca, un encanto en cada expresión. Esta autenticidad hace que la magia de la vivencia no desaparezca en él, aunque se haga habitual.
La amistad con un perro ha de proteger, como un tesoro, esta frescura inocente. Por lo tanto la educación hay que considerarla aquí como un ARTE. Un arte que requiere mucho tacto y amor hacia el animal.

Digamos que el Amor, sería el pilar y punto de apoyo desde donde se transmiten las normas, o reglas, que harán más fácil la convivencia del perro con su propietari0.
Por
lo demás, expondremos aquí pautas muy generales : Los
premios son mucho más eficaces que los castigos. Y es
mejor, evidentemente, evitar las medidas
punitivas. Por ejemplo, en procedimientos educativos
como es la higiene en casa, de poco sirven los
métodos tradicionales de untar el morro del animal o
de proferirle gritos.

En el cachorro de una edad de tres meses en adelante,
lo conveniente es observarlo con insistencia para
constatar el momento en el que va a defecar u orinar.
En ese momento, y con la mayor rapidez posible, lo
llevaremos a la calle o al lugar destinado a estos
menesteres. Y, cuestión muy importante, siempre ha de
ser el mismo sitio y el cachorro ha de ser premiado.
El cachorro comprenderá en poco tiempo nuestro
propósito.
La rapidez del aprendizaje no depende tanto del grado
de inteligencia del animal sino fundamentalmente de
una observación inteligente por parte nuestra. No
hemos de olvidar que el castigo tiene siempre un alto
riesgo. Las consecuencias que puede tener es que el
perro se vuelva miedoso y pierda la confianza en sí
mismo o en su dueño.
No
cabe duda de que es más adecuado, en el aprendizaje
de las reglas humanas y urbanas, que el animal "consienta" ajustarse a ellas desde su colaboración
por encontrarse a gusto. Se requiere mucha paciencia
para inculcar al perro algo que él todavía no ha
hecho costumbre. Por ello la enseñanza se limitará al
principio a unos pocos minutos (por ejemplo el
acicalamiento), hasta que en el animal vaya
arraigando el hábito de hacer lo que se le pide.
Encontrar en la educación de nuestro perro el medio
justo entre la disciplina y la amistad es un gran
arte que nos hemos de proponer con amor y
determinación.
Compra
del cachorro
Adquirir un perro, cachorro o adulto, es una decisión
de suma trascendencia para la vida de la familia y de
cada miembro que la compone. Es, por lo tanto, una
decisión que ha de reflexionarse y se ha de proceder
con pasos lentos y certeros. Adquisición de un perro
ha de ser resultado de una seriedad madura y nunca
fruto de un capricho circunstancial. Hemos de
tomarnos muy en serio la obligación moral que el
animal trae consigo.
El futuro propietario del animal tiene que llegar a
encontrar el perro que se adecua a sus necesidades
concretas. Ello significa un contacto muy próximo
entre él y la persona que ha criado al animal. El
criador es la persona que está capacitada para
transmitir la identidad y particularidad de cada uno
de sus cachorros. Es de suma importancia este contacto directo con la persona con la que el
cachorro ha crecido.
De estas palabras se deduce que cuanto más distancia
o más intermediarios haya entre el futuro propietario
del animal y la persona que lo ha criado, más riesgo
se corre en la adquisición del cachorro.
Hemos de constatar con suma exigencia cómo y dónde ha
sido criado nuestro cachorro. Y exigencia significa
que necesitamos ver allí donde los perros viven y
allí donde la camada se cría. Necesitamos,
lógicamente, ver a la madre y al padre de las
criaturas.
Nuestro cachorro ha de haber sido criado en un hogar,
rodeado de cariño y compañía humana. Un animal que
será un compañero para la familia necesita haber
nacido y crecido en ese ambiente afectivo. Rechaza
los cachorros criados en perreras, pero también los
criados en sótanos o garajes. Es habitual en estos
tiempos donde "vende" la noción de "cachorro criado
en familia", ubicar a los ejemplares y a sus
criaturas en jaulas en el sótano o garaje de dicha
vivienda, cual si fueran "ganado". Estas prácticas
tan habituales de crianza niegan la que es la mayor
necesidad psíquica para un perro, la compañía humana,
condenándolos al dolor de la soledad, al estres y,
paradógicamente, al aburrimiento.
El particular que compra, es decir, paga dinero por
un cachorro ha de reflexionar sobre el valor moral de
elegir una crianza responsable que recoga el respeto
y la compasión hacia los animales. Por consideración
ética pero también por inteligencia, porque prácticas
de crianza inapropiadas de aislamiento social del
cachorro, acondicionan y afectan el equilibrio y
experiencia emocional del perro adulto. Vivencias
dolorosas en esta etapa temprana imprimen traumas
duraderos.
Las prisas, la necesidad con la que vivimos la
urgencia de adquirir el cachorro, no nos ayudan a
acertar. Debemos tomarnos el tiempo necesario para
recavar información y poder elegir inteligentemente.
Traslado
El viaje del cachorro, desde el lugar que ha sido
criado a su nueva casa, probablemente es el momento
más estresante en la vida del joven animal. Hasta
entonces se le habrá trasladado en dos o tres
ocasiones al veterinario. Pero esto, que es lo más
impactante que el animal lleva en su historia, no es
comparable al momento en que se separa de todo lo
conocido y amado. Son sus hermanos, los juegos, los
olores, las manos y las voces en que el cachorro ha
estado bañado hasta entonces.
Todo eso que era su mundo desaparece y se encuentra
solo, indefenso ante un universo radicalmente
desconocido, sin asidero a que agarrarse. La persona que adquiere el cachorro ha de conectar con
este sentimiento de indefensión y fragilidad que el
animal está viviendo. Si es así y se recoge al
cachorro con ternura, calor y afecto humano en muy
poco tiempo el animal responderá con confianza y
ánimo sincero.
Al escribir sobre pautas concretas yo diría:
Primero, fundamental, es que se recoja al cachorro
personalmente del lugar en que ha sido criado y se
deseche la posibilidad de envío del cachorro.
Segundo, si el viaje va a realizarse en coche, es muy
aconsejable que vayan dos personas a recogerlo de
manera que al cachorro alguien le lleve en brazos, y
así se sienta acompañado y acogido. El transcurso de
estas primeras horas en las que el cachorro se separa
de su universo conocido es de una importancia vital,
en cuanto a su sufrimiento, evidentemente, pero
también en cuanto a su constitución psíquica y la
manera (con ansiedad o confianza) con la que se
enfrenta a lo desconocido.
Llegada
al hogar
La familia o persona propietaria del cachorro ha de
conocer con claridad las libertades y límites que en
un futuro le permitirá al animal. Bajo ningún
concepto se
permitirá al cachorro nada de lo que se le va a
prohibir al perro adulto. Por ejemplo, si fuera el
caso, subirse al sofá, a la cama o tener con
asiduidad el cachorro en el regazo. Éstas o cualquier
otra situación que entre dentro de las
particularidades de cada familia.
Tenemos que tener muy claro qué queremos y no
queremos del animal. De la misma manera hemos de
conocer con minuciosidad lo que nos va a incomodar o
molestar cuando el animal sea adulto. Ha de ser así
con el propósito de evitar confundir al cachorro y
eliminar posteriormente un sinnúmero de enfados.
No obstante, nunca, el primer o segundo día han de
ser un modelo de lo que vaya a ser la convivencia con
respecto a las normas de comportamiento del animal.
En estos dos primeros días el cachorro está
conociendo su nuevo hogar. En él todo es desconocido
y todo es nuevo. En estas primeras horas las normas
de comportamiento (incluso las de higiene) se
reducirán al mínimo. Todo nuestro esfuerzo y atención
estará para acoger a nuestro nuevo compañero. Pero,
eso sí, desde el primer día llevaremos al cachorro
después de dormir o comer, al lugar que hemos
preparado para defeque o haga pipí.
Cuando él llegue a casa tendrá ya preparado su rincón
donde pueda recogerse a descansar, sus juguetes y sus
cuencos de comida y agua. Dejaremos al cachorro que
explore, investigue y descubra, por sí mismo, su
nuevo hogar. Dejemos que nuestro nuevo compañero de
convivencia, se aventure hacia lo desconocido.
La respuesta ante esta nueva situación varía de un
cachorro a otro, dependiendo fundamentalmente de su
timidez o extroversión. En cualquier caso, si el
cachorro llora o gime, lo acogeremos con tranquilidad
y dulzura transmitiendo con proximidad nuestro afecto
sincero. La noche son las horas donde la actividad o
el juego acaban y el cachorro se encuentra con su
soledad. Pueden ser, por lo tanto, horas tristes y angustiosas
para nuestro amigo.
Si las medidas de higiene para uno son secundarias,
aconsejo, esa primera noche, permitir al cachorro
dormir en nuestra misma habitación, cerca de la cama.

Y por ahora nada más. Sólo me queda desearos mucha, muchísima suerte para que esa criatura os acompañe largos años.
Las preguntas y respuestas continuarán...