Compra del cachorro

 

Adquirir un perro, cachorro o adulto, es una decisión de suma trascendencia para la vida de la familia y de cada miembro que la compone. Es, por lo tanto, una decisión que ha de reflexionarse y se ha de proceder con pasos lentos y certeros. Adquisición de un perro ha de ser resultado de una seriedad madura y nunca fruto de un capricho circunstancial. Hemos de tomarnos muy en serio la obligación moral que el animal trae consigo.  

 

 


El futuro propietario del animal tiene que llegar a encontrar el perro que se adecua a sus necesidades concretas. Ello significa un contacto muy próximo entre él y la persona que ha criado al animal. El criador es la persona que está capacitada para transmitir la identidad y particularidad de cada uno de sus cachorros. Es de suma importancia este contacto directo con la persona con la que el cachorro ha crecido.

De estas palabras se deduce que cuanto más distancia o más intermediarios haya entre el futuro propietario del animal y la persona que lo ha criado, más riesgo se corre en la adquisición del cachorro.


Hemos de constatar con suma exigencia cómo y dónde ha sido criado nuestro cachorro.
Y exigencia significa que necesitamos ver allí donde los perros viven y allí donde la camada se cría. Necesitamos, lógicamente, ver a la madre y al padre de las criaturas.

Nuestro cachorro ha de haber sido criado en un hogar, rodeado de cariño y compañía humana. Un animal que será un compañero para la familia necesita haber nacido y crecido en ese ambiente afectivo. Rechaza los cachorros criados en perreras, pero también los criados en sótanos o garajes. Es habitual en estos tiempos donde "vende" la noción de "cachorro criado en familia", ubicar a los ejemplares y a sus criaturas en jaulas en el sótano o garaje de dicha vivienda, cual si fueran "ganado". Estas prácticas tan habituales de crianza niegan la que es la mayor necesidad psíquica para un perro, la compañía humana, condenándolos al dolor de la soledad, al estres y, paradógicamente, al aburrimiento.

 

 

 


El particular que compra, es decir, paga dinero por un cachorro ha de reflexionar sobre el valor moral de elegir una crianza responsable que recoga el respeto y la compasión hacia los animales. Por consideración ética pero también por inteligencia, porque prácticas de crianza inapropiadas de aislamiento social del cachorro, acondicionan y afectan el equilibrio y experiencia emocional del perro adulto. Vivencias dolorosas en esta etapa temprana imprimen traumas duraderos.

Las prisas, la necesidad con la que vivimos la urgencia de adquirir el cachorro, no nos ayudan a acertar. Debemos tomarnos el tiempo necesario para recavar información y poder elegir inteligentemente.